¿Somos monogámicos por naturaleza o por costumbre? Para la sexóloga Gabriela Silva Molina, la respuesta no es biológica sino cultural. “Es como que nacemos y somos monogámicos. Nadie nos pregunta. Se da por sentado que todos lo somos y no necesariamente es así”, afirma.
En declaraciones a LG Play, la especialista sostuvo que la monogamia quedó históricamente ligada al matrimonio y a la religión, y que rara vez se plantea como una elección. Por eso propone diferenciar modelos.
Habla, en primer lugar, de una monogamia tradicional, que exige exclusividad afectiva y sexual absoluta, incluso en el plano del deseo. “Somos seres deseantes. Coartar eso es una trampa”, advierte.
Luego menciona una monogamia realista, que reconoce que el deseo y la fantasía existen sin que eso implique romper la pareja. Y al respecto, manifiesta: “Somos dos individualidades. Podemos desear y eso no necesariamente destruye el vínculo”.
Finalmente, la sexóloga describe una monogamia flexible, en la que ciertos límites pueden acordarse y revisarse previamente. “Las reglas se ponen antes. Hay que permitirse hablarlo”, señala.
No vale todo
Silva Molina también diferencia con claridad las relaciones abiertas de la infidelidad. “La relación abierta no es un vale todo. Es poner las cartas sobre la mesa y establecer reglas claras”.
En ese sentido, la profesional de la salud sexual, resume su postura con una frase contundente: “El problema no es que seas infiel, es que no lo digas”.
¿Qué es la polifidelidad? La "monogamia grupal" que desafía lo tradicionalPara la especialista, la clave está en la honestidad desde el inicio del vínculo. “Lo primero que hay que decir cuando se conoce a alguien es qué tipo de relación quiero. Así le doy al otro la libertad de elegir”, recomienda.
Nada, aclara Silva Molina, es definitivo. “Las reglas pueden modificarse si uno no se siente cómodo”. La pregunta central, concluye, no es si la monogamia es correcta o incorrecta, sino si es una decisión auténtica o el resultado del miedo a perder al otro.